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5 agosto 2026, 2:39 pm
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El argentino que lleva el sabor de la pastelería nacional a Dubái

Francisco Sala, un argentino que dejó su huella en Dubái, ha transformado su carrera de tripulante de cabina en un exitoso emprendimiento de pastelería. Su historia comenzó el 25 de diciembre de 2011, cuando se embarcó en un vuelo hacia la ciudad emiratí con un contrato en mano, sin saber que la pandemia lo llevaría a convertirse en un emprendedor.

Originario de Buenos Aires y criado en Rosario, Sala estudió profesorado de Educación Física antes de dedicarse a la aviación. Su experiencia en un call center le proporcionó habilidades en inglés y comunicación intercultural, vitales para su trabajo en Emirates, donde aún se desempeña como Cabin Supervisor.

La idea de emprender nació en los momentos de aislamiento, cuando Sala empezó a compartir su amor por los alfajores a través de Instagram. La cuenta, llamada “Alfajuencer”, se convirtió en un espacio para presentar esta delicia argentina a sus compañeros de tripulación de diversas nacionalidades.

Durante la pandemia, Sala decidió aventurarse en la producción de alfajores al notar el éxito de la Semana del Alfajor organizada por kiosqueros argentinos. Tras varias pruebas, su primera venta se concretó cuando una amiga de un conocido le preguntó si podía comprarle. Así nació “Alfajores in Dubái”, que más tarde evolucionó a FranSweetsCo, incluyendo una variedad de productos argentinos.

El crecimiento del emprendimiento ha sido constante, aunque condicionado por su trabajo en la aerolínea. Sala ha logrado establecer una base de clientes leales, destacando la importancia de la recompra en un entorno donde la rotación de residentes es alta.

Este año, el negocio dio un gran paso al establecer un canal mayorista, vendiendo a otros emprendedores argentinos en Dubái, lo que representa una validación del negocio más allá de la nostalgia.

Según Sala, Dubái presenta ventajas económicas significativas, como la previsibilidad en los ingresos y una cultura de consumo que favorece el comercio digital. Sin embargo, también enfrenta retos, como los altos costos y la regulación alimentaria estricta, además de la necesidad de educar a los consumidores sobre productos argentinos.

Sala está trabajando en un nuevo desafío: la comercialización de medialunas parcialmente cocidas, un producto que considera emblemático de la gastronomía argentina y difícil de exportar debido a su frescura. «Una medialuna es gloriosa durante veinte minutos y después es otra cosa», concluye.

Fuente: La Nación

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